Aquellas luces al final del túnel

Amparo Canedo G.


No es novedad que las nuevas tecnologías les movieron el piso a casi todos los campos del conocimiento. No es novedad que ya nada está escrito en piedra. No es novedad que los medios de información dejaron de tener el monopolio de la palabra. No es novedad que el tiraje de los diarios no ha dejado de caer en los últimos años. No es novedad que este bajón bordea el 20 por ciento en el caso de diarios españoles en el último año. No es novedad…

El tiraje, la publicidad, los sueldos y el número de personal en los medios “tradicionales” (prensa, radio y televisión) siguen en descenso en Bolivia como en otros países. Sin embargo, pareciera que al abordar el tema no terminamos de darnos cuenta de que estamos frente a un escenario de crisis múltiple y no únicamente de cara a una sola deficiencia.

Mal hacemos al señalar únicamente a la falta de profesionalismo del periodista como el gran causante del desastre. No es el único. Muchos de los que hoy trabajan en medios pasaron por las aulas universitarias, pero andan sin brújula, convirtiendo el 80 por ciento o más de sus noticieros en crónica roja porque alguien les hizo creer que eso vende como también lo hace la farándula.

¿El problema será que todo gira alrededor de las nuevas tecnologías hoy y esos periodistas dinosaurios que ya han pasado 20 cursos de periodismo digital aún no se animan a lanzarse a la piscina? Podría ser… Sin embargo, no olvidemos que muchos de los que se han disfrazado de periodistas en los medios digitales son, en realidad, personas que manejan bastante bien la tecnología, pero de periodismo saben muy poco y, por ello, hacen muchas veces estragos.

Tal vez tras todas las culpas ande un pez gordo que pesa bastante a la hora de hablar de estos temas: el modelo de negocios sobre el que se asientan los medios “tradicionales”, que tiene su base en la venta de publicidad. No hay que olvidar que los medios pueden pagar sueldos y asumir gastos de producción gracias a sus ingresos por publicidad o, en algunos casos, a algún tipo de subvención que reciben.

Esa publicidad (que ya no alcanza para seguir pagando sueldos) sumada al poco interés de la gente en comprar periódicos en papel porque puede leer las noticias en su smartphone. Son dos de los factores importantes que están haciendo pensar a algunas personas en que incluso el periodismo podría estar en riesgo de extinción. Claro, eso querrían muchos…

Sin embargo, si el periodista y, por ende, el periodismo fueran de calidad y dejaran a un lado su autoritarismo ancestral para convertirlo en diálogo con la sociedad y si a ello añadiéramos la posibilidad de pensar en modelos de negocio que no giren únicamente alrededor de la publicidad, entonces podríamos ver que comienzan a encenderse las luces al final del túnel. Pero veamos otras luces más; aunque no antes de lanzar una advertencia:para llegar a cualquiera de ellas debemos echar a andar la experimentación y el problema es si estamos dispuestos a hacerlo cuando debemos dar de comer en nuestros medios a más de 70 familias. Y es que el experimentar siempre conlleva riesgos y uno de ellos es el fracaso.

Primera luz: los medios exitosos digitales suelen tener planteles reducidos de personal. En algunos casos se habla de 11 como es el caso de La Silla Vacía y en otros hasta de 28 como ocurre en El Faro. En ningún caso es buena idea hablar de decenas de personas, lo que sí sucede en los medios “tradicionales”, donde el personal fácilmente supera las 60 personas en total. Salvo alguno que otro medio estadounidense y europeo que está haciendo millonarias inversiones en incubadoras de modelos de negocio.

Segunda luz: ya no se puede seguir dependiendo únicamente de la publicidad para sobrevivir. En medios como La Silla Vacía, la publicidad únicamente representa el 10 por ciento de su presupuesto, mientras en países como Alemania son los ciudadanos los que sostienen a los buenos medios y periodistas a través de una especie de impuesto, pero bajo regulación de notables que supervisan el trabajo de aquellos. Interesante fórmula que algún día debiéramos asumir.

Tercera luz: los medios digitales con cierto prestigio no suelen presentar contenidos generalistas como ocurre con periódicos, canales de televisión y radios en Bolivia que pretenden darlo todo, desde política hasta cultura y cocina. Más bien, tienden a especializarse en temáticas políticas, económicas o culturales, entre otras.

Cuarta luz:precisamente no son generalistas porque, además, los medios en internet buscan conectarse con nichos o públicos específicos con intereses concretos. De ahí que algunos tengan una orientación más política y otros, por ejemplo, más cultural.

Quinta luz:los medios exitosos tienden a enraizarse en lo local en cuanto a cobertura y no pretenden que nadie los reconozca como algo más. En Bolivia, los periódicos insisten en ser llamados nacionales cuando su cobertura únicamente alcanza a algunas ciudades, ni siquiera a todas y menos al área rural.

Y así podríamos seguir enumerando otras luces… En todo caso, estos son tiempos de experimentación porque una crisis es también una oportunidad; aunque para ello habrá que replantearse desde las preguntas.

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