La prensa en democracia

Pedro F. Rivero Jordán


El componente esencial de toda sociedad democrática es la prensa libre, pluralista e independiente. Libertad de Expresión, Libertad de Prensa y Derecho a la Información son conceptos enlazados fuertemente entre sí y que guardan relación directa con el derecho fundamental de las personas a difundir sus ideas libremente y sin censura previa, así como a recibirla como prenda de garantía de la libertad de pensamiento.

Una parte de la Declaración de Chapultepec, redactada por la Sociedad Interamericana de Prensa, sostiene que “la capacidad de las naciones de resolver sus problemas depende de la capacidad de su pueblo de debatir y escribir sobre esos problemas con entera libertad y sin temor a represalias”. A iniciativa de países miembros de la Unesco, Naciones Unidas instauró en 1993 el 3 de mayo la conmemoración del Día Mundial de la Libertad de Prensa para fomentar su preservación.

En los tiempos que discurren, la situación de la libertad de prensa y de expresión en las Américas, en particular, es motivo de justificada preocupación porque se ha acentuado el deterioro de las condiciones para el ejercicio periodístico. Los asesinatos, las amenazas, las acusaciones y las demandas judiciales contra periodistas y medios de comunicación se han vuelto una perturbadora constante. Preocupa más aún el hecho de que tales amenazas y ataques estén proliferando bajo regímenes de gobierno que, en teoría, se consideran libres y democráticos.

Una última clasificación de Reporteros Sin Fronteras (RSF) sobre el respeto a la libertad de prensa coloca a Bolivia en el puesto 107 entre 179 países del mundo. A diferencia del 2016 ha descendido diez puntos. Un bajón preocupante por cierto. El informe de la citada organización indica que “a diferencia de Paraguay, Venezuela y México, donde la libertad de prensa se ha reducido a una situación difícil, Bolivia es catalogado en el mapa mundial como uno de los países cuyas garantías a la labor periodística están con “problemas significativos”. Según el análisis de RSF, en Bolivia los medios de comunicación tienen un fuerte incentivo para evitar hacer comentarios negativos del Gobierno o del presidente Evo Morales. Es así que la publicidad oficial no se entrega a los medios de comunicación que “mienten”, “hacen política” u “ofenden” al Gobierno.

En marzo de 2009, al inaugurar una asamblea de la SIP en Asunción, el entonces presidente de Paraguay, Fernando Lugo, se refirió a las relaciones entre el poder y la prensa. “Es mejor una prensa adversa y leal que nos ayuda desde sus cuestionamientos a producir la autocrítica necesaria para enmendar nuestros errores, que una prensa amiga que oculte los síntomas de una mala gestión”, expresó aquella vez agregando que la prensa, con sus fortalezas y debilidades, es la gran garantía para que no se levanten liderazgos que callen o hagan callar y, por sobre todo, porque no habrá un futuro razonablemente viable sin libertad de expresión en ninguna parte del planeta”. A poco más de un lustro, el mensaje de Lugo tiene plena vigencia frente a los crecientes embates contra la prensa libre en el continente.

No es posible hablar de democracia sin libertad de prensa. Ni de esta sin democracia. Teniendo como invariable norte la búsqueda de la verdad, el que juega la prensa libre para el ejercicio y fortalecimiento de la democracia, representa un papel fundamental. Como lo fue en el país para contribuir a su rescate de manos de gobiernos dictatoriales y autoritarios. Así está registrado en los anales de la historia y en la memoria colectiva del pueblo boliviano.

(*) Director General de Diario EL DEBER

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