¿Ley de medios en el siglo XXI?

Nelson Martínez Espinoza

El ejercicio de la ciudadanía en los inicios del siglo veintiuno, tiene que ver, entre otras cosas,  con el acceso a los instrumentos que facilitan contar con una abrumadora cantidad de contenidos, unos informativos otros de recreación y entretenimientos.

La libertad de expresión se vislumbra con una abundante cantidad de contenidos y posibilidades en el ejercicio de las libertades, que en el caso de América Latina, tienen como referente en la memoria, la oscura época de los gobiernos dictatoriales que restringieron y censuraron esa libertad a la que hoy nos referimos con tanta frecuencia.

El régimen totalitario se encargó de limitar la información, hacerla escasa y de difícil acceso y en su peor momento  objeto de censura, si bien en democracia esa condición fueron cambiando en muchos países, en otros, seguimos en la sombra de la desinformación o en la restricción a su acceso.

EL años 2009 en Argentina, el gobierno de Cristina Fernández promulgó la ley de servicios de Comunicación Audiovisual, más conocida como la ley de medios y tubo como finalidad reducir la cantidad de licencias de funcionamiento de medios en manos de un solo propietario, es decir combatir el monopolio.

Esa ley, que pretendía la democratización de la comunicación,  surgió en medio de un franco enfrentamiento entre el Grupo Clarín, principal multimedio argentino y los Kirchner, esposos que gobernaron durante 12 años.

Para el periodista argentino Marcelo Franco, director de la maestría de periodismo en Cali Colombia, la ley de medios nació condicionada entre el distanciamiento entre los actores gubernamentales y mediáticos.

Evaluando esa ley a la luz de los años, fue una ley que daba la espalda al siglo XXI por que no incluía a los medios digitales y negaba la posibilidad de ordenar algunos derechos y cumplimiento de deberes.

El actual gobierno de Macri en diciembre del 2015, anunció modificaciones a esa polémica ley y su jefe de gabinete Marcos Peña afirmó en conferencia de prensa que “se terminó la guerra contra el periodismo y comienza la era del siglo XXI en lo que tiene que ver con las comunicaciones”.

Para Franco el ejercicio de la comunicación tiene una consecuencia, supeditada a cierto control, no en relación a los contenidos por los que se pueda o no se pueda decir, sino la posibilidad equilibrada en la gestión de la comunicación de quienes por pertenencia a la sociedad merecen volver visible sus ideas o reclamos.

Para el periodista cordobés, el principio obligante del periodismo es la lucidez, no la defensa de los intereses de la corporación en los que eventualmente puedan estar asociados, sean estos empresariales o de gobierno.

El hecho de no poder ejercer la lucidez, no poder traducir -esa lucidez- en argumentos a favor o en contra de lo que está sucediendo, o no poder participar en esa contienda en condiciones de disidente, es un riesgo a la libertad de prensa.

En esa ida y vuelta de garrotazos entre corporaciones políticas con empresariales, los periodistas no podemos alinearnos con la línea de fuego de los dos lados, sino  con nuestro auto mandato vocacional o profesional.

Según Franco, es común que los periodistas estemos en la línea de fuego, de ninguna manera podemos justificar lo que estamos haciendo en nombre de la libertad de expresión, sino y de manera clara plantear la legitima defensa de unos intereses, sin avergonzarse por ser de derecha o izquierda o pertenecer a una corporación política o empresarial, profesar un culto o una preferencia sexual. Es inconveniente disfrazar una cosa con otra.

EL periodismo es un agregado de valor social bajo la forma de información contextualizada o del conocimiento  que se constituye como un borrador de la historia, aquella que los historiadores o científicos se encargarán de presentar.

En estas condiciones, un Estado moderno debe preocuparse por garantizar por medio de su normativa, un escenario de pluralidad y de participación de la ciudadanía permitiendo el acceso a la información y el debate público de los temas centrales.

Escriba un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *