Las enseñanzas de los padres Oblatos a través de ERBOL

Nelson Martínez Espinoza

La red de información más completa del país, Educación Radiofónicas de Bolivia (ERBOL), cumplió cincuenta años de labor incansable, haciendo eco lo que sus mentores constituyeron como su principio fundamental, educar para la liberación y la toma de conciencia.

El epicentro de esta iniciativa se encuentra al norte del departamento de Potosí, en la región minera de Catavi, Llallagua y Siglo XX. La radio Pío XII que en la década del cincuenta se levantó en el seno de una parroquia de muros de piedra, fue y sigue siendo hoy la radio minera que testifica “el coraje del pueblo”.

Los sacerdotes Oblatos de María Inmaculada procedentes de España, Estados Unidos y Canadá fueron encomendados a traer el Evangelio y ‘liberar’ a los trabajadores mineros del alcoholismo y del comunismo.

Para los presbíteros extranjeros era inconcebible hablar de Dios mientras se derrochaba dinero en grandes fiestas que duraban días, con ingente cantidad de chicha, música y baile. Pero cuando decidieron sacar los santos de los altares, la gente amenazó con no volver a misa.

En un arranque de rabia, recuerda Coco Manto, Mauricio Lefebvre con su sotana larga y oscura, irrumpió en un local donde se realizaba la fiesta con bastante bebida e hiso la cruz al revés en señal de castigo para desbautizar a los feligreses. Asustados los mineros y sus esposas cayeron en llanto y diciendo “no nos des bendigas padrecito Lafiebre”, (no podían pronunciar Lefebvre) los participantes de la fiesta imploraron perdón.

Al final, los sacerdotes terminaron evangelizados por el pueblo minero, gracias al Concilio Vaticano II y los documentos episcopales de Puebla y Medellín, cuando en la década del sesenta, se impuso la teología de la liberación.

La radio que inició con un discurso sancionador a las costumbres y tradiciones de los mineros, se convirtió en el instrumento para defender a los pobres. La señal en onda corta de “la Pío” era el faro libertario, de denuncia de la injusticia y resistencia a la dictadura militar de entonces.

La masacre de San Juan, protagonizada por el Ejército en el gobierno del general René Barrientos, fue uno más de los genocidios que hasta hoy queda en la impunidad.

En cuatro ocasiones los sacerdotes oblatos tuvieron que reconstruir la radio luego de violentos ataques de la dictadura militar, en la que gente armada destrozó los equipos para silenciarla.

Las radios mineras que formaron una red de defensa de la democracia, fueron lideradas por radio Pío XII que, apertrechada en Llallagua, emitió señal día y noche.

Si bien la sede de gobierno se encuentra en La Paz, a más de trescientos  kilómetros de los centros mineros, las radios mineras informaban al país, gracias al trabajo de periodistas y sacerdotes que traducían del inglés o francés los reportes de los corresponsales extranjeros que enviaban sus despachos desde Plaza Murillo.

Este acto heroico fue conocido mundialmente como la red de defensa de la democracia, protagonizada por las radios mineras. Fue un ejemplo de valor y dedicación porque denunciaban al mundo las injusticias de la dictadura, organizaban la resistencia y la rebelión.

Fue el pensamiento de Paolo Freire que dio un nuevo sentido a las radios mineras, de la mano del padre Gregorio Iriarte.  “La Pío”, que recibió en su cabina a los mejores locutores y periodistas del país, se dedicó a enseñar y educar para transformar la realidad.

El padre Iriarte “arriesgando el pellejo”, como todos los sacerdotes que pasaron por las minas, logró que mineros como Irineo Pimentel, Filemón Escobar y Federico Escobar escaparan de las garras de los militares que tenían la orden de acallar a los líderes subversivos. Muchos le beben la vida al humanista entregado a Dios, que no escatimó esfuerzos por salvar vidas.

De esa dura experiencia, Iriarte dedicó el resto de su vida al estudio incesante de los análisis críticos de la realidad nacional, traducidos en libros que se reeditaron hasta diez y ocho veces, con miles de copias vendidas en el país y en el exterior.

Iriarte no se conformó con darle educación a los pobres para que nunca más los patrones los engañen y sepan reclamar un salario justo, también enseñó el camino para alzar la voz frente a la injusticia, decir la verdad y denunciar la corrupción.

A cincuenta años de ese heroísmo y desprendimiento de los grandes de la comunicación como el padre Roberto Durette, quien queda hasta hoy como custodio de “la Pío”, la red ERBOL no tiene otro camino que seguir la enseñanza de esos hombres y mujeres que dieron sentido a las minas y al país, desde las cabinas de la radio.

Esa radio que hasta hoy nos acompaña, nos cuenta y nos incita a pensar sobre lo que pasa en nuestra cotidianidad, esa radio que nos dice en cada momento cómo está el país hoy.

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